Todo termina en un camino que se hace muy corto, tras las sevillanas y la alegría de la tarde vuelven las lágrimas y la emoción al cruzar el puente de el Ajolí, Se canta la salve, se llora, y todos nos fundimos en un abrazo al comprobar que nuestro camino llega a su fin. Es un momento de nervios, de contradicciones, no quieres que se termine  y por otro lado tienes unas ganas enormes de que finalice para acercarse a la ermita y ver a la virgen. Todo esto mientras recuerdas a tus seres queridos, a los que te faltan, y los que quedaron en Ronda si poder disfrutar de lo que tu has vivido.  Foto: Rafael Rojas. Comentarios. Paco Mena